Ser mexicano

A propósito del debate político que se llevó a cabo en Tijuana, entre los candidatos a la presidencia de la república, donde el tema principal fue la migración y la relación con los Estados Unidos de Norteamérica, me da un motivo para reflexionar sobre lo que representa tener la nacionalidad mexicana. A veces, desde mi perspectiva, de ser oaxaqueño por origen y haber nacido en Baja California; da pie a pensar en las diferentes perspectivas que existen. Bien sabemos que el origen de este “país” es muy ancestral, tanto así que el concepto de Estado-Nación y el concepto de territorio, como límite son relativamente reciente.

Aunque después de la llegada de los colonizadores y el territorio llamado Nueva España, se comenzó a tener una idea más específica e impuesta. El territorio era muy extenso, pero casi deshabitado en su totalidad. No sólo por tener poblaciones nómadas en el norte, sino también por el exterminio de pobladores en el sur, a veces por enfermedades, otras más por abusos.

Situándonos en un tiempo más cercano, hablar de la frontera norte es un tema muy especial. Ya que desde el centro, o el sur del México actual, tenemos la vaga idea de lo que es esa parte del país, y visceversa. Del norte para abajo, según se vea el mapa, también existe un desconocimiento.

Y eso ha marcado una línea de menosprecio o antagonismo simple y limitado.

Desde mi posición, vivo en Oaxaca y conozco algunas partes de la frontera, cosa que me ha dejado con inquietudes. Primero, no todos los que habitan en el norte olvidan sus orígenes diversos, de dos o tres generaciones atrás. La última vez que estuve en Nogales, Sonora, me tocó ver a una población que siempre está al pendiente de la frontera, del paso, del tráfico constante, tanto de migrantes, como de autos que cruzan al otro lado. Aunque siempre viven como mexicanos. Y de ahí la pregunta, ¿qué es lo mexicano?. Algo muy difícil de exponer, pero que todos tenemos algunas referencias similares.

ser mexicano

En este caso, una de las referencias, es que siempre he conocido a personas devotas y creyentes, de norte a sur, por más que puedan estar junto al país más poderoso del mundo, su arraigo religioso, su fervor por la virgen de Guadalupe, por cualquiera de los santos sacrificados en el rito católico que nos llegó de los españoles, es muy similar.

Tanto en Tijuana, como en Nogales, dos fronteras muy marcadas, he visto un aprecio importante. A pesar de que estas poblaciones están influidas por el comercio y la vida del otro lado: Los centros comerciales, las series de televisión, la ropa, los autos y todo aquello que conocemos. A pesar de todo esto, las personas siguen los ritos y las tradiciones de un México contemporáneo. El futbol, como deporte nacional, el mismo idioma, entremezclado con el inglés, me suena más a una influencia latina en los Estados Unidos.

Lo mismo realizar artesanías de todo tipo, muy a lo mexicano, como sarapes o morrales, con logotipos de los equipos de futbol americano o beisbol. En fin, las piñatas en los cumpleaños, las mañanitas, etc.

Ser mexicano, según una visión personalísima, no representa a ese estado-nación que se estableció desde el siglo XIX. No se ve reflejada en el orgullo patriótico de una bandera o un himno nacional. No se ve reflejado en un gobierno o una figura. Los héroes de nuestra historia, sí son motivo de orgullo, pero porque ya están muertos.

“Ser mexicano” no es una bandera ondeando en el asta.
porque ser mexicano va más allá, es un reconocimiento más bien etereo.

El ser mexicano es más un acto de fé. Es más un acto devoto, que sobrepasa los temas políticos o de interés económico. Digo que es un acto de fé, porque por más que los gobiernos en turno busquen ser la guía o el parámetro de ejemplo, han fallado y no les creen. Pero, ese México que no deja de ser “pobre, miserable y flojo” y es el país que todos quieren abandonar, para entrar en el primer mundo, es el México en el que siguen creyendo, por eso siguen rezándole, y como a las vírgenes o a los santos, a pesar de que no les cumplan las peticiones, siguen creyendo. Siguen peregrinando y dicen ser mexicanos, con su vestimenta y sus costumbres y formas de hablar.

Aunque hay algunos lugares donde ser mexicano es algo inexistente, es un sentimiento que no figura más que en los actos cívicos de la escuela, si es que la hay.

A mi hijo Sebastián